Me poso delante del estrado, firme y quieto. Se es de notar mis grandes ojeras de buscar por las noches a ese gato. La reina me mira fijamente, con su aire de superioridad, al verme con el tamaño que me dio la Oruga, sin decir ni una palabra espera el veredicto, cual Sombrero voy a coger.
Se la respuesta, la tengo en mi mente, ese Sombrero oscuro... Si su costura me hace daño he de comprobarlo, posarme el Sombrero hasta que sangre mi cabeza, si es necesario, pero no debo huir ahora, después de tanto tiempo tras el, no debo rendirme, no debo seguir guardándome la duda. Estoy decidido, doy un paso al frente, derramo unas lágrimas, levanto mis pequeños ojos enrojecidos hacia la reina, mientras una lágrima me acaricia lentamente mi mejilla. Ella me observa sobre su trono, en el jardín de su castillo. Las torres acarician el cielo y deshilachan las nubes, las cabezas de sus vasayos se pueden ver en la cornisa del tejado, una tras una. Abunda el silencio, solo se escucha el hondear de las banderas y mis suspiros quejimbrosos, no consigo soportar la mirada de la reina y fijo la mirada en el suelo, el cual es golpeado injustamente por mis lágrimas. Observo el duelo que es tragado por una sombra, y aumenta el viento que hace que las cabezas rueden hasta desplomarse contra el suelo, el cielo comienza a ocultarse tras nubes carmesí,la reina comienza a correr hasta su castillo, mientras que los muebles del jardín comiencen a desplomarse, el viento me arroja al suelo y hace que unas rosas blancas pintadas de rojo me golpean manchandome de su pintura, los cristales del castillo se rompen y se elevan hacia las nubes donde aparece una gran sombra, que no tardo en reconocerla...
Jabbewocky...
Se posa sobre el tejado y comienza a expulsar su flama, mientras golpea el aire con sus alas, creando una ventisca que me arrastran hacia el laberinto del castillo.
Me levanto y observo el cielo, esta azul como de costumbre, sin una nube, pero ahora estoy perdido aquí. Me siento he intento relajarme observando el cielo, pero veo unas nubes a lo lejos, unas nubes rojas que se acercan velozmente hasta mi posición. Me levanto y vuelvo a correr, y comienzo a pensar en mi Espada vorpal, pero con este tamaño seria completamente inútil tenerla. Al huir tropiezo y comienzo a rodar por el suelo hasta quedarme tumbado en un claro, obervando el gran tamaño de Jabbewocky, que me desafiaba con la mirada, y se acercaba lentamente a por mi, mientras yo intentaba huir, con las piernas heridas, arrastrándome por el suelo, derramando lágrimas mientras pienso en el Sombrero oscuro.
Y aquí estoy, observando a Jabbewocky, intentando huir de él y pensando en el Sombrero oscuro, después de este juicio, que me ha echo perder mi juicio.