Mi crisalida va tomando forma, comienza mi metamorfosis. Dentro de la crisalida ha desaparecido el tablero de ajedrez, aquel donde caminaba, aquel donde me regalaron el dedal, aquel donde todos los Sombreros me dañaron, todo ha desaparecido y en su lugar hay un vesto desierto helado, donde las dunas de nieve abrasan mis pies, quemandome la piel con su frio tacto. Camino, y siempre es lo mismo, no varia el paisaje. Las Alicias estan conmigo, me acompañan en este frio sendero y los dos Sombreros los miro con cariño, son dos Sombreros, ninguno de ellos es de una costura adecuada para mi, lo se, lo recuerdo siempre e intento no olvidarlo nunca, pero aveces me da la sensacion, de que en realidad son ellos a los que debo recordarles eso. Caminan los dos a mi lado, aunque van manteniendo una gran distancia. Los miro a los dos, puedo observar en esos ojos marrones de aquel Sombrero unos ojos aterrados, que me miran con pánico, pánico de mi. Intento soportar esa mirada, ese castigo por mis actos egoistas y cobardes, veo en esos ojos a mi frente a el, cuando en el verano calido, mi voz moria en estupidos golpes con el silencio, cuando derrepente el dijo la frase que hizo que mi voz se apagase completamente, algo que yo temia que pensase, algo que no era cierto, pero mi silencio afirmaba mientras mi corazón negaba. Ahora, castigo mudo, ven hacia mi, espero tu sentencia, espero tu veredicto, dejame realizar mi condena, para sentirme liberado de ese minuto silencioso, que marcó el momento de mi ser.
Observo ahora, los ojos oscuros de el otro Sombrero, en el hallo lo mismo, temor y miedo, que me atormentan mientras desvalijo mi pasado, mientras busco el momento donde le di ese temor que me guarda ahora para mi, intento buscar respuestas a preguntas donde solo encuentro mas preguntas sin respuesta. Me abro paso entre las cuestiones, hasta que me encuentro frente a otra pregunta que me atormenta durante meses ¿podré tener alguna vez un Sombrero como amigo? ¿Podre mirar a los ojos de estos dos sombreros y no encontrarme en ello miedo? Intento hallar la solucion, pero me es imposible, mientras mas la busque mas preguntas me golpean. Mientras intento evitarlas una mayor surge, dandome miedo y temor al verla, mientras cierro los ojos y aprieto mis manos contra la tela rota de mis ropajes, hasta desatar un torrente de lagrimas que me impiden volver abrir los ojos, mientras las ksgrimas al chocar contrs el suelo se transforman en pequeños cristales de hielo.
Tras lo ocurrido con el ultimo sombrero y con su dedal ¿Comenzaré de nuevo a buscar un Sombrero? Mientras me arrodillo en la nieve que me acaricia fria y dilcemente susurro inconcientemente "no".
martes, 25 de febrero de 2014
Día 508: Pánico
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